Las islas Baleares albergan un valioso patrimonio natural representativo del Mediterráneo, con una notable diversidad de ecosistemas que presentan particularidades propias del contexto insular. A pesar de las transformaciones derivadas de la actividad humana, comunes en la historia del ámbito mediterráneo, en el archipiélago se conservan importantes muestras de los ecosistemas característicos de esta región biogeográfica. Reflejo de ello es la extensa red de espacios protegidos que forman parte de la Red Natura 2000.

En el conjunto balear se ha consolidado en las últimas décadas uno de los destinos turísticos más importantes del mundo, alcanzando en 2024 la cifra de 18,7 millones de visitantes, con un crecimiento en torno al 5–6 % anual en los últimos años. Esta tendencia al alza continúa en la actualidad, manteniendo una presión creciente sobre el territorio y los recursos naturales.

Aunque gran parte de las transformaciones del territorio se produjeron durante el denominado boom turístico, el crecimiento urbanístico y la modificación del paisaje han continuado en las décadas posteriores, extendiéndose más allá de los principales núcleos turísticos e incidiendo en el conjunto de las islas. La expansión de las infraestructuras viarias, la extensión del alumbrado público, la creciente explotación de los recursos hídricos, la introducción de especies invasoras y las colisiones de fauna en la red viaria han intensificado el impacto sobre el entorno y generado una serie de problemas de conservación que afectan directamente a la biodiversidad. Estos problemas, estrechamente vinculados a la creciente presión humana en un territorio limitado y sensible, inciden cada vez más en el archipiélago, que por su singularidad insular resulta especialmente vulnerable a dichas presiones. En este contexto, las poblaciones de algunos vertebrados singulares se encuentran en situación crítica, llegando incluso a ver comprometida su supervivencia.

Contaminación lumínica

Gatos asilvestrados

Captura accidental

Atropellos